CONSEJOS PARA REDUCIR EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS

CONSEJOS PARA REDUCIR EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS

Los nuevos hábitos y estilos de vida, han marcado un cambio en la alimentación de los últimos años.

Según la Organización de Naciones Unidas, un tercio de la comida producida en nuestro planeta acaba desperdiciado. Centrándonos en datos de la Unión Europea, 89 millones de alimentos al año, lo que supone 179 kg por persona.

Muchos de esos alimentos todavía se encuentran en buen estado. Somos nosotros mismos los que desperdiciamos gran parte en nuestros propios hogares. Y es un dato más preocupante aún, cuando vemos los millones de personas que pasan hambre o cuando traducimos esa cantidad a euros y nos damos cuenta del dinero que hemos tirado a la basura.

TODOS somos RESPONSABLES y debemos CONCIENCIARNOS.

Sin embargo, no todo son motivos para el pesimismo, el 23 % de los participantes en la encuesta de Hábitos de Consumo 2016 (elaborada por la Mesa de Participación compuesta por varias Asociaciones de Consumidores y Mercadona) afirman que debido a  la situación económica de los últimos años aprovechan más la comida.

Además, el 94 % de los consumidores considera el desperdicio de alimentos como un problema importante y el 87 % afirma estar ya haciendo algo para evitar el desperdicio de alimentos.

Por tanto, los consumidores creen que hay una responsabilidad compartida en relación al desperdicio de alimentos.

Os ofrecemos una serie de consejos que nos ayudan a reducir el despilfarro de alimentos.

  1. Planifica el Menú.

Planea las comidas de toda la semana, teniendo en cuenta, por una parte, el número de miembros de la familia y, por otra, las comidas que se hacen en el hogar. Con todo ello, haz una lista detallada de los productos que vas a necesitar (así evitaremos ir varias veces a la compra).

  1. Revisa tu despensa y planea la compras.

Antes de acudir a comprar, es importante verificar qué tenemos en la despensa y en el frigorífico, para evitar comprar aquello que ya tengamos. Es aconsejable hacer una lista de los productos que vamos a necesitar. Muchos estudios indican que ir a la compra con el estómago vacío, nos impulsa a comprar más caprichos o productos innecesarios. Por último, valora si las promociones y ofertas se ajustan a tus necesidades. A veces podemos encontrar productos que pueden salir más baratos si compramos packs de varias unidades en vez del producto suelto, pero es conveniente estudiar si vamos a consumirlos dentro de las fechas marcadas porque, de lo contrario, saldrá más caro y no contribuiremos a evitar el desperdicio.

  1. Ten en cuenta tu presupuesto.

Procura establecer un presupuesto destinado a alimen­tación, en función de tus otros gastos fijos (casa, luz, agua, gas, coche…). Valora si te compensa adquirir productos a granel o si puede salir más rentable comprar productos ya envasados, en mayor cantidad, que se puedan congelar y utilizar posteriormente. No olvides comparar precios y calidades, dentro de un mismo establecimiento y entre distintos comercios, teniendo en cuenta el precio por kilo y no el precio por unidad, ya que en ocasio­nes son de diferentes tamaños.

  1. Comprueba las etiquetas de los productos.

El etiquetado nunca debe inducir a error al consumidor, especialmente sobre las características del producto, su naturaleza, calidad, duración, origen… Además, no debe atribuir al producto cualidades o efectos que no posee. Debe incluir: la denominación de venta (nombre del producto y tratamiento recibido), los ingredientes (salvo algunas excepciones, deben aparecer en orden decreciente de cantidad), la cantidad neta y la fecha (ya sea de caducidad o de consumo preferente).

  1. Almacena y conserva la comida adecuadamente, tanto en la despensa como en el frigorífico.

A la hora de guardar los alimentos que hayamos comprado, además de hacerlo en función de las condi­ciones de conservación que nos indiquen en el etiqueta­do, debemos colocarlos de forma que queden los recién comprados más al fondo y los que ya se tenían delante, para consumirlos en ese orden. Si establecemos un orden y un lugar para cada producto, nos será más fácil revisar la des­pensa y ver lo que nos hace falta comprar y lo que urge consumir.

  1. Sirve pequeñas cantidades de comida.

Siempre hay que tener en cuenta que lo que se queda en el plato no se puede recuperar. Por eso, es mejor servir racio­nes más pequeñas y que si alguien se ha quedado con hambre, pueda repetir. Si sobra, al no haberlo servido en los platos, podremos aprovechar esas sobras para otro día (conservándolas adecuadamente) o utilizarlas para rea­lizar un plato diferente.

  1. Guarda la comida sobrante.

Es muy sencillo guardar los sobrantes de la comida o la cena, pero de nada sirve si luego no los consumimos. Si se trata de un plato ya elaborado (pastas, arroces…) y no lo vamos a consumir en breve, lo mejor es congelarlo. Si es mu­cha cantidad, es preferible dividirlo en varias raciones y guardarlo en recipientes limpios y cerrados. Si abrimos una lata de conservas (aceitunas, atún, mejillones…) y no la con­sumimos toda, debemos pasar el producto restante a un bote o tarro de cristal con un buen cierre; se conservará mejor.

  1. Congela.

Los consumidores optan mayoritariamente por la compra de productos frescos frente al congelado o los platos preparados, según la encuesta de Hábitos de Consumo 2016. El producto que más adquiere el consumidor en formato congelado, es el pescado; un 27% de los consumidores así lo afirma.

La congelación hace que los alimentos perduren hasta varios meses. Esto sirve tanto para alimentos recién comprados como para sobrantes de comida. Sin embargo, debemos saber cómo congelar esos alimentos para poder consumirlos o aprovecharlos pos­teriormente. Y recuerda que es imprescindible mantener el con­gelador limpio y sin hielo o escarcha en las paredes.

Si lo que vamos a congelar son productos crudos que hayamos comprado, lo haremos en envases o bolsas aptos para la con­gelación y es mejor hacerlo en paquetes de dos o tres piezas. Es preferible sacar uno o varios paquetes, en función de los comensales, que tener que descongelar todas las piezas y que luego no se aprovechen.

Es aconsejable etiquetar los productos, indicando de qué producto se trata y la fecha. También en este caso, consumiremos antes lo más antiguo.

RECUERDA: Reducir el desperdicio de alimentos es responsabilidad de todos.

 

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