Gernika, una película imprescindible

¿Que por qué es imprescindible ver “Gernika”, la película del bilbaíno Koldo Serra? Una única razón basta: es la primera vez en la historia del cine que se representa uno de los acontecimientos más crueles del siglo XX, el bombardeo de Gernika.

Ocurrió aquí al lado. Y lo que se considera “el primer ataque aéreo sobre una población civil” ha dejado sus consecuencias no sólo en las víctimas y sus descendientes durante generaciones, sino en todas las guerras que llegaron después. Pero os preguntaréis, ¿es una buena película?

Es una película necesaria. Y los últimos 20 espectaculares y aterradores minutos hacen que la entrada al cine haya merecido la pena. Nunca había sentido el horror de un bombardeo tan desde dentro. O quizá es que este me toca más por pura cercanía cultural, por herencia del dolor.

Toda la película te va preparando para ese desenlace, no por conocido menos dramático. Las historias personales de los protagonistas confluyen allí, en un día de mercado hace ya casi 80 años. Y hay que quitarse la txapela ante el esfuerzo de Serra por detallarnos en toda su crudeza un pasaje tan importante de nuestra historia. Y por ser el primero en hacerlo.

La peli te puede gustar más o menos, dependerá de lo que te impliques con los personajes y sus tramas sentimentales y políticas, a las que quizá les falte más realidad, incluso más sentimiento.

El vestuario, la música y la ambientación son apabullantes, se reconocen rincones de Bilbao en las cercanías del puente de San Antón, el teatro Arriaga, la estación de FEVE, el Ayuntamiento… Y luego la naturaleza, el verde de los caseríos, San Juan de Gaztelugatxe, la Casa de Juntas de Gernika…Todo es puro años 30, sin nada que envidiar a una gran producción inglesa. Pero a los personajes les falta respirar, alejarse de prototipos para llegar a estar vivos. Quizá la versión original con una interesante mezcla de idiomas: euskera, castellano, inglés y alemán (por otra parte lógica en ese contexto) vaya en contra de la naturalidad de los diálogos: no resulta muy creíble la perfección con la que casi todo el mundo habla inglés y, sin embargo, la historia gana vida en las escenas del caserío en euskera con Elena Irureta e Irene Escolar (¡qué grandes las dos, se echa en falta más metraje para ellas!). Quizá en la versión doblada (y eso que yo soy ferviente defensor de la versión original siempre) se iguale la manera de hablar de todos y no nos choque, por ejemplo que los rusos hablen entre ellos en inglés…

Así y todo la historia va creciendo según se acerca el final y los personajes empiezan a sufrir de verdad, se intuye la cercanía de la tragedia y los primeros planos de María Valverde y James D’Arcy toman sentido. Entonces empiezan a caer bombas. Y sentado en la butaca te preguntas: “¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo puede seguir pasando?” Sólo porque nos hagamos esa pregunta, “Gernika” es una película necesaria.

Roberto Menendez

 

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