MOONLIGHT

¿Qué se puede decir cuando una película te parece perfecta? Pues eso, que consigue comunicar a la perfección la historia que el director tenía en la cabeza. Que transmite el mensaje de una manera fluida, personal, con estilo, con cuidado en la forma y en los detalles. Que te gusta lo que te cuenta y cómo te lo cuenta. Que te llega la estructura (dividida en tres partes, los tres componentes del personaje central, sus tres edades). Que te encantan los personajes y los actores que los interpretan: ese niño de la primera parte, con una mirada tan llena de dolor e indefensión; ese adolescente esmirriado que consigue arrastrar la misma mirada porque es el mismo personaje, que hace que quieras protegerle de la terrible vida que lleva y de la que le espera; ese adulto que se ha hecho indestructible pero que a pesar de la montaña de músculos que luce, aún revela la misma mirada indefensa que busca protección; y desde luego, esa madre, abrupta, rota desde un principio, adicta, bipolar, cruel y tierna a la vez, destrozada y destrozadora… Todo esto es “Moonlight”, ocho nominaciones a los Óscar, incluyendo mejor película, mejor director (Barry Jenkins), mejor guión adaptado y mejor actor y actriz de reparto.

 

Un barrio marginal (y negro) de una gran ciudad (es Miami, pero podría ser cualquier otra, Bilbao, mismamente). Un entorno peligroso para cualquiera, pero sobre todo para un crío con sensibilidad. Ausencia de padre. Madre más allá de toda redención (o quizá no), magníficamente interpretada por Naomie Harris, candidata al Óscar a la mejor actriz de reparto. Trapicheo, drogas y armas. Bullying dentro y fuera del colegio. No podía haber un entorno más hostil para una homosexualidad intuida desde la infancia. El colegio es un martirio, el hogar (que se cae a pedazos) no sirve de refugio. El único que se interesa por protegerle es un capo de la droga con buen corazón (Mahershala Ali, candidato al Óscar al mejor actor de reparto), demasiado para el puesto que ocupa en esta sociedad. Puede sonar sórdido y deprimente, pero no lo es. Porque todo está contado con una poética tan personal que le da a esa terrible situación un cierto halo de belleza, de magia e irrealidad.

 

Imposible no simpatizar con ese chaval que responde a tres nombres a lo largo de la historia, (de ahí la pregunta clave de la trama: “¿Quién eres realmente?”), que sufre y no es capaz de expresar lo que siente, que se encuentra con personajes que le protegen y con otros que le destruyen, pero que mantiene una cierta nobleza a lo largo de toda su evolución. Quizá no sea una película para todos los gustos pero hay que reconocer lo bien narrada que está, la importancia de sus silencios y de esas maravillosas miradas en primer plano. Y lo mejor de todo, no importa lo oscura que sea la vida de ese chico negro que representa la desventaja con la que tantos como él empiezan el camino de la vida, no importa el calvario por el que se vea obligado a pasar, porque su mirada y el enfoque que sobre ella nos ofrece su estupendo director, están llenas de esperanza.

 

Cuando como espectador te enfrentas a historias como esta, te das cuenta de la suerte que has tenido en la vida, de la ventaja con la que siempre has jugado. Y cuando te lo cuentan tan bien como lo hace “Moonlight”, eres consciente de la suerte que has tenido al entrar al cine y elegir esa película

-Roberto Menéndez

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