BLADE RUNNER 2049

BLADE RUNNER 2049

Tengo que confesar que Blade Runner, la original, la de 1982, es una de mis películas favoritas de ciencia ficción. Quizá porque en realidad es puro cine negro llevado al futuro. También he de decir que no soy nada fan de los remakes, reboots, spin-offs, continuaciones (ya sean segundas, terceras o cuartas partes) y sagas del montón. Y ya si estamos de confesiones admito que, a pesar de haber dicho esto, me he tragado toda la saga de Star Wars (sí, incluso la infame segunda trilogía, siempre en la vana esperanza de que mejorasen y se parecieran en algo a la trilogía original). Os podéis imaginar mi escepticismo cuando empezaron a decir que estaban haciendo una continuación de Blade Runner. Porque lo primero que pensé fue, “espera, pero va a continuar de la versión del productor, o sea, la que se comercializó inicialmente en la que Deckard (el personaje de Harrison Ford) no era un replicante, o se trata de una continuación del posterior Director´s cut de Ridley Scott, en el que Deckard sí era un replicante?” Y claro, pensé: “la van a cagar, se van a cargar un clásico moderno.”

Bien, pues habiendo sentado las bases de mis preferencias (en cuanto a cine de ciencia ficción) lo tengo que decir: la nueva Blade Runner, la subtitulada 2049 (fecha en la que transcurre), la que se supone que inicia una saga, me ha dejado con la boca abierta. Y es que por sí sola ya es una estupenda película, sea del género que sea. Incluso si no supiéramos nada de la historia original. Si no hubiéramos soñado con ovejas mecánicas ni con las piruetas de una Daryl Hannah más postmoderna que nunca, si no hubiéramos atacado naves en llamas más allá de Orión con Rutger Hauer, incluso si no hubiéramos sentido en el alma aquella lágrima que Sean Young derramaba en el colmo de la sensibilidad replicante, ni hubiéramos deseado que Deckard -o sea Harrison Ford- viniera a buscarnos a nosotros, esta Blade Runner 2049 sería una estupenda película. Pero el caso es que sí nos acordábamos de todo aquello y pensábamos que ninguna historia iba a ser capaz de ser una digna continuación. Pero esta lo es. Y lo es porque en realidad es de nuevo una historia completa, la de un investigador buscando las claves de un secreto. Y encima, ese investigador no es otro que Ryan Gosling que lo borda, que transmite sensibilidad en la mirada, que sufre, que sonríe con los ojos. ¿Es posible olvidarse de Harrison Ford tan rápido y entregarse a Ryan Gosling? Lo siento pero sí, es posible.

Además, al principio de la película, resumen en cuatro líneas de texto lo que ha pasado entre esta película y la anterior (más de 20 años) y según avanza el metraje, como en esas matrioshkas rusas, vas descubriendo un secreto dentro de otro que a su vez tiene otro en su interior, vas averiguando qué pasó con los replicantes, qué pasó con Deckard, que le ocurrió a Rachael (sublime aquella Sean Young del pasado, ¿aparecerá también en esta? No lo desvelo, odio los spoilers)… Pero casi nos importa más qué le ocurre a este nuevo personaje, por qué sufre, cómo se cura las heridas (las físicas, las emocionales lo tiene más crudo), quiénes le ayudan y quiénes le acosan: esa inolvidable compañera holográfica que interpreta Ana de Armas (esta chica tiene mucho futuro en Hollywood, además en la versión original se aprecia lo bien que domina el inglés, habría sido una maravillosa Rachael joven en un remake…), el personaje frío pero no tanto (y sin maquillaje) de Robin Wright (esta sí que podría haber interpretado a una Rachael madura…) y esa prostituta (Mackenzie Davis) que bien podría ser una moderna Daryl Hannah… Las referencias no acaban aquí, el impermeable transparente de Ana de Armas nos recuerda al de la encantadora de serpientes de la original (Joanna Cassidy), la gélida replicante (Sylvia Hoeks) que suelta lágrimas aisladas para recordarnos aquel divino momento de Sean Young, el bruto con sensibilidad (Dave Bautista, de Los guardianes de la galaxia) muy en la línea de Rutger Hauer… Y claro, también está Harrison Ford. Mayor. Muy mayor. Pero aguanta bien los primeros planos (el que tuvo retuvo). Ya lo de la acción quizá debiera replanteárselo…

La ambientación, la banda sonora, el vestuario, ¡todo es tan Blade Runner! Parece imposible que otro director (Denis Villeneuve) haya sido capaz de reproducir el mundo del original y devolvérnoslo como si lo acabase de diseñar de nuevo Ridley Scott. Quizá sea porque la sociedad ha avanzado, pero casi no se nota. Todo es oscuro como en su predecesora, aunque las luces de neón siguen ahí, la comida sigue siendo sucia, los mogollones de gente continúan en esas calles tan cutres, las naves voladoras son individuales… ¡Qué diferente es este mundo de los que reflejan otras películas del género! Nada que ver con los planetas de Star Wars o Star Trek… Aquí todo es mucho más creíble, mucho más cercano. Quizá sea porque, al fin y al cabo, no es tan difícil imaginarse que vamos a acabar así, perdidos, sin saber de dónde venimos, usando esclavos (aunque sean sintéticos), inundados de contaminación, sin saber si somos humanos o no. Porque, ¿qué supone en realidad ser humano? Esa era la pregunta del original. Y aquí la incógnita continúa más potente que nunca…

-Roberto Menéndez

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