Dos películas de adolescencia e identidad

 

Dos películas: “Cuando tienes 17 años” y “La próxima piel”. Dos nacionalidades: una francesa y otra española. Dos historias diferentes pero paralelas. Ambas se acercan al mundo adolescente desde ángulos distintos aunque convergentes: agresividad, búsqueda de identidad, incomprensión, violencia hacia los otros y hacia uno mismo, madres coraje solitarias, pérdida de padre, sexo espontáneo y natural. Y protagonistas de 17 años, una edad en la que están a punto de tocar el mundo adulto por primera vez. Y desde luego, las miradas, muchas y muy buenas.

En la primera, “Cuando tienes 17 años”, de André Techine (si viste “Los juncos salvajes” ya conoces de qué va el personal mundo de este autor), dos chavales que van a la misma clase, uno de piel muy blanca y el otro de piel oscura, se odian profundamente. No se sabe por qué, no se presentan motivos. Su entorno familiar y escolar tampoco lo entienden, pero a la menor oportunidad se lían a puñetazos dejándose los cuerpos cubiertos de moratones. Se observan continuamente, no se sabe si para medir fuerzas o por una inquietud que va más allá. Uno de ellos vive en la montaña, el otro en el pueblo. Por cuestiones familiares acaban teniendo que compartir casa. El conflicto está servido. Los grandes acontecimientos de la vida y su propio camino de autodescubrimiento les llevarán a acercarse y alejarse continuamente.

En “La próxima piel”, de Isaki Lacuesta e Isa Campo, Leo (magnético Alex Monner) tiene 17 años, sufre de amnesia y vive en un hogar de acogida para chavales difíciles. Su vida da un giro cuando parece que han encontrado el hogar del que desapareció hace 9 años, en un pueblo de montaña. Allí tiene que reencontrarse con una madre a la que no recuerda (magnífica Emma Suárez, como siempre), la ausencia del padre y la omnipresencia de su tío (Sergi López en su habitual papel de bruto). Su nombre real es Gabriel. O quizá no. Los detalles de su búsqueda de la propia identidad no son compartidos con el espectador, ya que en ningún momento sabemos si se trata en realidad de Gabriel, el niño perdido, o si es simplemente Leo, el impostor.

¡Qué dura puede ser la adolescencia y qué bien lo cuentan estos dos films con todos los ángulos y resquicios que ocultan sus personajes! Cómo muestran su dolor y la incomprensión que tan fácil es de sentir a los 17. Si el personaje de Leo/Gabriel recurre a la automutilación, provocándose cortes y haciéndose sus propios tatuajes como escape al dolor y la furia que le atenazan, en “Cuando tienes 17 años”, el bellísimo Corentin Fila necesita sentir experiencias extremas como bañarse desnudo en un lago casi helado en pleno invierno, mientras su compañero (por obligación), Kacey Mottet Klein, se lo guarda todo y se limita a mirar, eso sí, con tierna cara de cordero degollado. Y la sangre brota de todos ellos, en peleas, en escenas en las que golpean los muros para no golpear a nadie más, quizá para no golpear a la misma sociedad que no les entiende. Y claro, para ellos, a los 17 años, el sexo es otra válvula de escape. Aunque en algunos casos se pueda llamar amor. Adolescente, sí. Pero amor al fin y al cabo. Las madres (la francesa es la  simpática Sandrine Kiberlain) también miran mucho. Sufren sus propias tragedias personales y no acaban de entender muy bien qué pasa con sus hijos. Como en la vida misma.

Definitivamente estas dos películas se disfrutan, de manera sosegada, por separado. Pero formarían un estupendo programa doble para una de esas sesiones continuas de las de antes. Si sólo algún cine se atreviera a volver a programar en sesión continua, claro.

 

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