LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

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LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

Tres de los pesos más pesados (por importancia, no por aburrimiento) de Hollywood, Steven Spielberg, Tom Hanks y una exquisita Meryl Streep, han unido fuerzas para relatar cómo se descubrió el wikileaks de los 70, un escándalo de magnitud internacional que ocurrió durante el mandato del presidente Nixon pero que abarcaba dos décadas de manipulación gubernamental implicando a varios presidentes, con una guerra e innumerables víctimas inocentes de por medio. “Los archivos del Pentágono” es una oda al periodismo bien entendido (esos planos de las rotativas, del papel imprimiéndose a punto de salir a la calle, puro arte Spielberg), a las razones primigenias por las que existe, a la honradez de los auténticos periodistas, aquellos que son capaces de arriesgar sus carreras e incluso sus vidas por sacar a la luz una noticia que afecta a la población. Con estos ingredientes difícilmente se podía hacer una mala película.

Spielberg prueba una vez más que es un maestro del entretenimiento, tanto en su versión más lúdica como cuando se pone serio, como en este caso. “The Post” (en su título original) podría en otras manos haber resultado un panfleto aburrido y complicadísimo lleno de subtramas y ramificaciones. Pero el maestro Spielberg vuelve a demostrar su absoluto control del tempo cinematográfico para llenar de tensión la trama y transmitir un mensaje fácilmente entendible: los gobiernos nos engañan y nos utilizan para sus propios y oscuros beneficios aún sabiendo el daño que originan. Y para esto no necesita más que unos sólidos personajes (los directivos de un periódico y su equipo de redacción en segundo plano), unas cuantas localizaciones (el periódico, el interior de unas lujosas viviendas y un par de rincones de la ciudad) y un magistral manejo de la tensión (esos teléfonos siempre a punto de sonar, las miradas contenidas de la Streep). Consigue incluso que nos identifiquemos con los ricos dirigentes de ese periódico que se debate entre publicar o no los secretos a los que ha tenido acceso. Claro, que la otra opción era identificarnos con el gobierno, o sea, con el poder.

Esto no habría sido posible sin el magnífico trabajo de los actores principales: un Tom Hanks inicialmente antipático (operado y fondón) consigue hacernos desear que le salgan bien las cosas; una Meryl Streep maravillosamente frágil e insegura al principio se va transformando en una persona con control sobre sus decisiones. Y aquí entra la segunda gran baza de la película: el aspecto feminista, el empoderamiento de la mujer. La divina Streep interpreta a una auténtica leyenda del periodismo americano, Kay Graham, propietaria del Washington Post en un tiempo en que las mujeres no ocupaban semejante posición en ningún tipo de negocios y mucho menos en el mundo de las noticias. En la película nos muestran un momento clave en su historia, aquel en el que tuvo que decidir si continuar siendo una mujer florero siempre a expensas de las decisiones de los hombres que la rodeaban o seguir sus instintos y tomar sus propias decisiones. Evidentemente la Streep (21ª candidatura al Óscar) maneja ese camino con su habitual sutileza de gestos, miradas e inflexiones. No podía haberse estrenado esta historia en mejor momento, tras un año en el que la situación de la mujer en el mundo ocupa noticias en todos los periódicos. Y nadie mejor para ese personaje que la mujer que lleva años peleando para igualar el sueldo de actores y actrices en Hollywood.

Junto a ellos un grupo de excelentes secundarios cuyas caras suenan por sus trabajos televisivos: Bob Odenkirk (“Breaking Bad”, “Better call Saul”), Matthew Rhys (“The Americans”, “Cinco hermanos”) y Sarah Paulson (“Feud”, “American Horror Story”).

Los archivos del Pentágono” sigue la estela de otras magníficas películas sobre el periodismo con las que podría encajar en una de mis ideales sesiones dobles (¿para cuándo en Bilbao?): “Spotlight”, “Todos los hombres del presidente” y “Network, un mundo implacable”. Y viéndola no pude evitar pensar: ¿Qué pasaría si en nuestro país surgieran unos documentos top secret que nos demostraran que el gobierno nos está engañando y no está a la altura de la honradez que se le presupone? Ah, que eso ya ha pasado. Y no se ha hecho ninguna película aún (bueno sí, “B, la película”, pasó sin escándalo y sin pena ni gloria). Ya sabemos que los americanos son siempre muy lanzados a la hora de mirar a su pasado más reciente. Nosotros no tanto. Quizá sea porque las únicas empresas con poder económico para lanzar cine en España sean las propias cadenas de televisión y todos sabemos a qué grupos pertenecen y que no van a morder la mano que les da de comer. Todo lo contrario de los periodistas de “Los archivos del Pentágono”. Una de sus frases finales nos vale como epílogo: “El periodismo está para defender a los gobernados, no a los gobernantes”.

-Roberto Menéndez

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