PIELES

Esta es una película que no te dejará impasible. Es incluso posible, más que probable, que al de cinco minutos de empezado el metraje decidas abandonar la sala. Sería incluso entendible. Porque el nivel de escatología que desprenden sus imágenes es sólo comparable a un primer John Waters, a aquel que mostraba cómo la “gran” Divine se comía en directo la caca de un perro en “Pink Flamingos” (1972). Ese es sin duda uno de los referentes de Eduardo Casanova (sí, el niño de “Aida”, de hecho muchos de los actores de la troupe de aquella serie están aquí presentes, incluyendo a la inconmensurable Carmen Machi, que nos regala otra de sus clases magistrales de interpretación). Pero hay más referencias ineludibles. Está, desde luego, Álex de la Iglesia y “La comunidad” (2000), por algo el bilbaíno es también productor de este título. Y no podemos olvidarnos de un primer Almodóvar, el que mostraba a Alaska orinando sobre un ama de casa masoquista en “Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón” (1980). Aunque también le recuerda por su gusto estético, por esa gama de colores tan marcada. Si en “Matador” (1986), “La ley del deseo” (1987) y “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988) el maestro optaba por los rojos, aquí el aplicado alumno ha elegido todas las gamas posibles de rosa y violeta. O más bien podría decirse malva, va más con las intenciones del director.

 

Porque “Pieles” trata de inadaptados. Pero no de bellos rebeldes como los Monroe, Gable y Clift de “Vidas rebeldes” (1961) ni los Dean, Wood y Mineo de “Rebelde sin causa” (1955). Más bien todo lo contrario. Los protagonistas de esta historia son inadaptados porque la sociedad jamás los aceptará. Pero no sólo porque no encajen en los marcados cánones de belleza que nos imponemos, sino porque aunque lo intentasen nunca lo conseguirían. Son personajes destinados a la infelicidad por sus deformidades físicas: enanas, obesidad mórbida, una chica sin ojos, un hombre completamente quemado, una mujer con media cara descolgada, un chico que no reconoce sus piernas como suyas y las daña constantemente, una joven que en lugar de boca tiene… Bueno, eso mejor se descubre en el cine. Así listado parece el cast de un clásico del cine de los horrores llamado “Freaks, la parada de los monstruos” (Tod Browning, 1932), en el que todos esos personajes convivían en un circo. Pero aquí, además, todos ellos están tratados con un realismo descarnado, incluso molesto, a pesar de que estén rodeados constantemente de esos decorados rosa palo que más parecen hechos para acoger a Barbie y Ken. Y esto añade aún más contraste a las mini historias de estos personajes, interpretados con gran valentía por unos actores magistrales que no dudan en desnudar celulitis, carnes colgantes, medias erecciones, vómitos y, principalmente, todo tipo de mezquindades morales. Ellos son, aparte de la ya mencionada Carmen Machi, Candela Peña, Secun de la Rosa, Ana María Polvorosa, Macarena Gómez, Jon Kortajarena (sí, el bilbaíno más internacional y más bello, imposible reconocerlo hasta el final, me pasé toda la peli pensando que era Asier Etxeandia, otro de nuestros grandes, lo que demuestra las grandes dotes para la actuación del top model), la gran Itziar Castro (un descubrimiento total) y Ana María Ayala (enorme en su pequeñez).

 

Estamos, desde luego, ante una de las apuestas más atrevidas que se han visto en pantalla grande desde hace mucho tiempo. Te puede gustar, la puedes adorar o la puedes odiar a rabiar. Pero hay que reconocer que es una película bien hecha, excelentemente narrada y con un estilo muy personal que sorprende si consideramos que es el primer largo que dirige el hasta ahora reconocido actor de comedia. No puedo esperar a ver cómo se desarrolla su carrera desde este momento.

 

 

-Roberto Menéndez

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